lunes, 15 de julio de 2013

EL EMPRESARIO DE BARBATE

Imaginemos un empresario español que tiene en mente extender la influencia de su compañía por todo el mundo.
Poco a poco ,el fundador empieza a seleccionar a su equipo de colaboradores para tan importante labor.
                       
                                       EL EMPRESARIO DE BARBATE

 Un día mientras pasea por las playas de Barbate ve a dos pescadores del atún tirando con energia de las redes y piensa: "...estos podrían servir para el equipo." Habla con ellos y tras saber que se llaman Pedro y Andrés y que son hermano, les pide que trabajen con él.

 Un poco más adelante observa a otros dos compañeros  de los anteriores y piensa: "...estos se conocen y han trabajado juntos muchas veces, los llamaré también. Pueden formar un buen equipo". Ya tiene un tercio del equipo, cuatro pescadores poco preparados intelectualmente, pero al fin y al cabo, buenos trabajadores. 

 Al día siguiente, Andrés le trae a un amigo ( también de Barbate ) muy relacionado con ellos, el empresario ( tras una entrevista privada con él), lo acepta como parte de la nueva plantilla. Se llama Bartolomé, aunque todos en el pueblo le conocen por " Bartolo".

 Otro día paseando por su tierra natal, el empresario vio a un funcionario de Hacienda de no demasiada buena reputación en la ciudad y al que la gente le huye, pero a pesar de ello, le pide que se una al futuro equipo de trabajo y Mateo ( así se le conocía), acepta la oferta.

  Luego conoció el empresario a otro joven llamado Tomás (que por lo visto tenía un hermano mellizo), y a pesar de que siempre vivía  en una constante indecisión y cargado de dudas, pensó que también le serviría para su proyecto.

 Poco después una madre preocupada por el futuro de sus hijos, llamada Maria, le pidió que aceptase llevarse a sus hijos Jacobo y Tadeo, y el empresario los aceptó, a pesar de la juventud e inexperiencia del joven Jacobo, y a pesar de descubrir que no tenían demasiado clara la motivación para trabajar en la empresa.

  Simón fue un caso especial. Cuando el empresario lo vio, le gustó por su ímpetu y su fuerte personalidad, pero había escuchado que era simpatizante de un grupo revolucionario que a veces cometía atentados, así que, después de sopesar los pro y los contras, decidió darle una oportunidad en su nuevo equipo.

 Y finalmente, a pesar de los muchos comentarios negativos que había escuchado sobre él, aceptó a un tal llamado Judas, que venia de otra provincia, y que decía que tenía dotes de contable.  

  Evidentemente, cualquiera con "dos dedos de frente" que viese este equipo directivo para desarrollar una gran empresa por todo el mundo, pensaría de inmediato que era un fracaso anunciado; sin embargo, el empresario no escogió  a las lumbreras recién salidas de las mejores universidades, ni a los niños pijos que hubieran estudiado masters en economía o ciencia sociales en Inglaterra o Estados  Unidos, sino a gente sencilla a la que pudiese instruir  partiendo de cero y prepararlos para que pudieran ser el núcleo fuerte de la futura empresa.

 Sin duda alguna y sin ser demasiado avispado, quien haya leído hasta aquí habrá identificado al empresario con Jesucristo y al equipo de trabajo con los doce apóstoles.
 Pero esta analogía transportada a nuestro tiempo nos sirve para darnos cuenta que Cristo no rechazó a los rechazados ni a los discriminados de su tiempo, sino que eligió y aceptó a todo tipo de personas en su equipo, para transformarlos en gente que después fueron conocidos como los que pusieron el mundo patas arriba, porque la influencia de sus vidas y el mensaje que llevaron, transformo no solo la sociedad  palestina, sino todo un imperio mundial.  

 
 

2 comentarios:

Viki Morandeira dijo...

Hola Rafa!Tienes mucha razón. No importan los títulos tanto como la confianza que te de el empresario. :) Si uno sabe que confían en el, será capaz de grandes logros. Un saludo.

Rafael Mateos dijo...

Gracias Viki por tu comentario,este "empresario" es el mejor que he conocido en mi vida,siempre me anima a seguir.
Saludo